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Presentación apostólica en Los Ángeles, California

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Después de dirigir un saludo a la Iglesia Universal —conectada  a través de internet a esta presentación—, el Apóstol de Jesucristo dio un consejo e hizo corresponsables y coparticipes a los ministros para que, junto con los padres de familia y la Iglesia en general, motiven a la juventud al amor y a las buenas obras, que abunden en fe y conocimiento de la Doctrina.

Desde la iglesia en Los Ángeles, donde vivió en los últimos 19 años como ministro de la Iglesia y hoy con júbilo lo recibieron como el Ungido de Dios, anunció que en unos días comenzará su tercera gira por Europa, pero antes de despedirse quiso dejar un mensaje a la Iglesia Universal.

Recordó que el pasado 10 de mayo, en Silao, Guanajuato, se reunió con más de 5 mil jóvenes de todo el país: “Vi el ánimo, observe el buen comportamiento y el anhelo que tienen de prepararse en las cosas de Dios”, recordó.

“El mismo deseo –dijo-, observe en los jóvenes de Estados Unidos, Honduras, El Salvador, Costa Rica, Hawai, Colombia, Panamá, Chile, Argentina y del norte de Europa.

“Consciente de esta responsabilidad, quiero hacer corresponsables y coparticipes en primer lugar a los ministros, en segundo lugar a los padres de familia, en tercer lugar a la Iglesia y a los jóvenes” para que se preparen desde este día y hasta el 15 de agosto, en que se enviará el primer batallón a la obra.

“Damos por obvio que el niño nace con el conocimiento de la Doctrina y no hay preocupación completa por enseñársela; “los niños no nacen con un chip integrado” del conocimiento de las cosas de Dios, por eso tanto el ministro, como los padres de familia y la Iglesia estamos involucrados en la educación”.

Citó el pasaje de Deuteronomios. 17:18 ,  donde hay un mandato para el Rey, que cuando “se sentara sobre el trono de su reino, escribiría para sí una copia de la ley en un libro, en presencia de los sacerdotes levitas. La tendrá consigo y la leerá todos los días de su vida, para que aprenda a temer al Señor su Dios, observando cuidadosamente todas las palabras de esta ley y estos estatutos”.

Dijo que el Rey debía leer el libro de la Ley no hasta que llegará al final, sino una y otra vez durante toda su vida, y su lectura le traería temor de Jehová, sencillez, humildad y prolongaría sus días con prosperidad.

Al igual que el Rey, el Apóstol de Dios invitó a las familias de la Iglesia leer una hora diaria la Biblia durante toda su vida.

Que los ministros enseñen y preparen a la juventud; que los padres no sólo se preocupen por darles de comer, por las cosas materiales, que primero los preparen en las cosas de Dios.

Y si el padre no sabe explicar, que consulte, que busque ayuda.

¡No quiero fanáticos!
¡Quiero jóvenes comprensivos!
¡Quiero jóvenes con fe!

Así, antes de partir de gira dijo a la Iglesia Universal: “Esta será nuestra responsabilidad: “Mi Padre trabaja y yo trabajo”.

Fuente: Unidad de Crónicas Apostólicas

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