.
Al entonar la alabanza No. 412 “Que dicha siente el alma”, contextualizada a la ocasión, la palabra apostólica reconvino a continuar en la sana doctrina expuesta en su tiempo por el apóstol Aarón y sustentada hasta el presente en el ministerio apostólico. La conducta honesta y una vida cristiana de recatamiento.
El segundo himno que se entonó fue la No. 465 “Sigo a Cristo”.
Haciendo un parangón del llamamiento del hombre de Dios Abraham sobre quien recayó una grande bendición de parte de Dios en su llamamiento y en la encomienda que Dios le otorgó. Exclamó ¡Que gloria la de Abraham! Al ser el depositario de la voluntad de Dios: “En ti serán benditas todas las familias de la tierra”.
Recordó en el tiempo de Jesucristo, el Señor llamó a Saulo de Tarso ante la admiración y perplejidad de Ananias, ante el señalamiento y determinación de Dios: “Ve, porque instrumento útil me es” para que llevara su nombre ante hombres de eminencia y de poder y a las naciones extranjeras.
Así mismo, fue el llamamiento del apóstol Aarón Joaquín: “Tu nombre será Aarón y lo hare notorio por todo el mundo y serás de bendición”. Bendito llamamiento de bendición en que vivimos el de un hombre mas cercano a este tiempo del que describió su arduo e incansable trabajo tesonero en América.
Puntualizó principalmente los primeros años de su trabajo en Guadalajara, Jalisco en donde sufrió por la proclama del evangelio de Jesucristo. A ello, se agregó, el desconocimiento de hombres que llevaron tras de si parte de ese trabajo de rescate de almas.
Luego expuso, a lo ministros que había nombrado en algunos estados de México que se alejaron de la dirección apostólica, llevándose tras de si, a la tercera parte de su trabajo.
Escenario humanamente adverso, pero el temple apostólico se manifestó confiando en el que le había constituido en apóstol de Jesucristo, y dijo a los detractores y calumniadores: “Mañana dirá Dios quién es el santo’. Y con gran gozo, el apóstol Samuel, enfatizó: Hoy es ese mañana de bendición.
Convocó a la iglesia a seguir la enseñanza apostólica sustentada por el Señor Jesucristo, y de quien proceden todas las bendiciones de nuestra vida. Invitando a todos los coros a cantar la alabanza “Ocasos”, después se realizó la oración de despedida.
Al salir del lugar de reunión caminó por la Glorieta Central sobre una alfombra con los pastores. Ingresó a la casa grande, lugar desde donde impartió su bendición a toda la iglesia universal que seguía el acto conmemorativo.

|